preguntas a uno mismo

Estoy seguro que todos tienen en mente algo que quieren alcanzar o al menos probar.
Sin embargo, hay muchos factores que se interponen en su camino.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el psiquiatra austriaco Viktor Frankl se encontraba junto a otros judíos en un campo de concentración.
un amigo le confesó que iba a suicidarse para, de alguna manera, escapar de una existencia tan horrible. Él le hizo una pregunta:

“¿Por qué no vas a suicidarte?”
Normalmente, pensaríamos que es un amigo terrible. Ningún amigo recomendaría a otro suicidarse.
Sin embargo, Frankl tenía una razón para hacer esa pregunta.
Así, forzó a su amigo a pensar una razón para no suicidarse.
Su amigo respondió:

“Si yo muriera, mi mujer se quedaría muy triste.
Así que al final acabó saliendo con vida del campo de concentración.
Frankl publicó un estudio sobre los que salieron vivos de aquel infierno y los que no lo lograron.

 

Dice tal que así:

“Los supervivientes fueron las personas que mantuvieron su esperanza hasta el último momento. Los que encontraron una razón para su esperanza.”

 

Si a alguien que está pensando en suicidarse le preguntamos que por qué quiere hacerlo, va a buscar razones que refuerzan su decisión.

Sin embargo, él preguntó a su amigo que por qué no iba a suicidarse, así que le hizo pensar en razones para aferrarse a la vida. En este caso, pensar en la situación de penosa en la iba a dejar a su mujer fue suficiente para seguir viviendo.
No es necesario considerar situaciones tan extremas, pero quizás encontremos la razón por la que no hacemos lo que queremos a hacer, y por la que no lo intentamos aunque esa sea nuestra intención.

 

En realidad, yo también me pregunté a mi mismo antes de salir de Japón:

“¿Puedo imaginarme estar en Japón toda la vida?”

“¿Por qué puedes permitirte hacer las cosas que te gustan en el sitio que te gusta?”

“¿Por qué puedes permitirte llegar a ser al persona deseas ser?”

”¿Por qué debo hacerlo ahora?”

Escribí un larga respuesta en el cuaderno. Parece ser que, seguramente, la única persona que no me daba permiso era yo mismo.