Monólogo

Amarillo, rojo, azul…hay muchos colores y elegimos cual es mejor que cual.
Si en un momento dado decidimos que amarillo en el mejor color, el niño azul se va a esforzar por ser amarillo.
Sin embargo, por mucho que lo intente no va ser amarillo.
Entonces, siente abatido, no expresa sus sentimientos reales, se deprime, se enferma.
Asi que “azulito” tiene que vivir de una manera mas despreocupada.
Se pueden idear muchas soluciones, pero una de ellas sería que se dé cuenta de que es azul.
Lo que se viene a decir comúnmente “aceptarse a si mismo”.
(Comparándose con el niño amarillo), no se gusta a sí mismo, ni se valora, ni se muestra a otros tal y como es.
No estoy diciendo que no tenga que mejorar su situación.
Es que salta a la vista que eres diferente. Demonios, eres azul!
Por otro lado, el niño rojo, observa y se enfada por el egoísmo e insolidaridad del amarillo.
“Tienes que ser como yo!!”, “Tiñete de mi color!
Pero no se tiñe y al final acaba por no escuchar y solo se quejarse.
Cómo podría el rojo vivir su vida más tranquilamente.
Hay muchas posibles respuestas, pero una es ver la importancia de reconocer que el amarillo es el amarillo, pero yo soy yo.
Lo que se viene a denominar “dejar estar”.
Nunca acepta que uno a perdido, respetar al amarillo tal y como es.
Si haces eso, curiosamente va a terminar diciéndote “tu color también es bueno”.
El amarillo es bueno. Y el azul. Y el rojo. Y el verde.
Así creo que se puede llevar una vida tranquila.